Evolución exosomática de las sociedades

En 1880, el economista ecológico ucraniano Sergei Podolinsky (1850-1891) estableció el llamado Principio de Podolinsky. Según éste, la cosecha de alimentos debe tener una productividad energética igual o mayor que la eficiencia de transformación de los alimentos en trabajo. Es decir, la transformación de energía de trabajo humano (medido en Kilocalorías) en energía contenida en los alimentos cosechados debe ser mayor que la transformación de la energía ingerida a través de los alimentos en trabajo físico.

Según sus estudios, los humanos transformamos en trabajo alrededor de un quinto de la energía consumida en los alimentos. Así, si consumimos 2500 Kcal/día, se transforman en trabajo unas 500 Kcal. Por lo tanto, si se invierten esas 500 Kcal en trabajo para producir alimentos, la productividad energética debe ser igual o mayor que las 2500 Kcal consumidas.

Podolinsky también estableció que la producción de biomasa era mayor cuando entraba en juego el trabajo de los humanos o de animales. Sus cálculos indican que cada 1 Kcal de trabajo humano o animal contribuye a producir 20-40 Kcal extras.

Cabe destacar que en sociedades con inequidades sociales o “mayores necesidades” la conversión de energía debía ser mucho mayor. Es decir, se requerirían mayores rendimientos energéticos obtenidos de una unidad de trabajo humano.

Casi 100 años antes, Thomas Malthus en su libro Ensayo sobre el principio de población (1798) argumentaba que la tierra productiva y el agua potable eran recursos limitados, y que el crecimiento poblacional sobrepasaría el abastecimiento de alimentos y agua, con la consiguiente llegada de la hambruna y muerte (Figura 1).

Figura 1. Modelo de crecimiento poblacional y de producción de alimentos de Malthus.

Más de un siglo después de Malthus, Esther Boserup argumentaba que la situación entre crecimiento poblacional y producción de alimentos no es como planteaba Malthus. Boserup argumentaba que los sistemas humanos evolucionan y se adaptan. Según esta autora, el crecimiento poblacional y el aumento de la densidad poblacional conllevan mayores requerimientos de recursos y la adopción de tecnologías más productivas. Así, a mayores densidades poblacionales se producen procesos de intensificación de la agricultura. En un comienzo estos procesos de intensificación implicaban mayores esfuerzos en fertilización, preparación de la tierra, control malezas y riego. También había un aumento de los costos marginales del trabajo de los agricultores. Es decir, aumenta el costo unitario de la última unidad producida, ya que sube la carga de trabajo y disminuye la productividad por hora. Por otro lado, el proceso de intensificación aumentaba la productividad por hectárea, que es el objetivo final cuando se tiene menos tierra para alimentar a un mayor número de personas.

Así, podemos ver cómo los cambios en la densidad poblacional conllevan cambios en los sistemas productivos mostrados en la Figura 2.

Figura 2. Comparación de los principales modos de producción de alimentos según la densidad poblacional. Fuente Smil (2008).

Los cambios en los sistemas productivos y la introducción de nuevas herramientas agrícolas han comportado también cambios en el tiempo requerido (Figura 3). Así, la producción con herramientas manuales (e.g. azada, hoz) requería unas 300 horas por hectárea. Al incorporarse nuevas herramientas (e.g. arado, cosechadoras y otras herramientas de tracción animal) el tiempo humano requerido en la producción ha disminuido a los niveles que presenta la agricultura moderna.

Figura 3. Reducción del trabajo agrícola, ilustrado con el promedio para la producción de maíz en Estados Unidos

Pero no sólo los requerimientos de trabajo humano han cambiado, sino que también los recursos naturales asociados a la producción. Un arado tirado por caballos requería de tierra para producir alimentos para los caballos, trabajo para el cuidado de los animales, agua, establos. En cambio, los tractores utilizados en la agricultura moderna necesitan combustible, trabajo para el mantenimiento, acero y otros materiales, y las fábricas para la construcción de las máquinas.

La intensificación de la agricultura se realizó en base a un incremento del trabajo requerido para aumentar la productividad por hectárea. En la actualidad, el desarrollo de la agricultura moderna se ha basado en el uso de combustibles fósiles, los cuales han hecho posible el reemplazo del trabajo humano por el uso de maquinaria. Así, en países industrializados, el sector de la agricultura representa menos del 10% de la población económicamente activa.

Tres han sido las innovaciones clave en este proceso de modernización. El uso de combustibles fósiles y electricidad, el uso de pesticidas y fertilizantes sintéticos, y el desarrollo de nuevas variedades de cultivos. Esto ha cortado drásticamente las necesidades de trabajo humano y animal, ha llevado a una gran disminución de la población rural y el crecimiento de la urbanización, y una altísima dependencia de los combustibles fósiles.

Referencias

Boserup, E. (1965). The conditions of agricultural growth. London.

Malthus, T. R. (1978). Ensayo sobre el principio de la población.

Smil, V. (2008). Food production. Chapter 6 in: Energy in Nature and Society. General Energetics of Complex Systems. The MIT Press Cambridge, Massachusetts, London, England.